Gloria Sanz Testón es profesora jubilada, Primer Premio de Ensayo “Conde de Campomanes” y socia fundadora de la Sociedad Cultural Gijonesa.
En 1824 Doña Teresa del Riego del Riego, viuda de D. Rafael del Riego, redactó su testamento, en Londres, ante el notario Don Eneas Mac Donnell (1783-1858) que conocemos a través de las diferentes copias que envió su cuñado y tío, el canónigo, Don Miguel del Riego y que han llegado hasta nosotros con variantes producidas al transcribir dicho documento, ya que en aquella fecha no existían fotocopiadoras y todo documento se realizaba escrito a mano de puño y letra: bien por el autor o bien por el amanuense que lo realizaba. Así que imaginamos a Miguel del Riego enviando a sus hermanas u a otros familiares o amigos una copia del mismo, y a estos volviéndolo a escribir para seguir la cadena de información sobre la muerte de Teresa. El original seguirá en los archivos de los protocolos notariales ingleses y no lo hemos localizado ni visto.
La primera copia completa publicada del testamento de Teresa del Riego, que conocemos, es la de Fermin Canella y Octavio Belmunt editada en fascículos en 1895 y titulada Asturias: su historia y monumentos, bellezas y recuerdos. La siguiente, de 1931, se halla en la obra de Carmen de Burgos, Colombine, Gloriosa vida y desdichada muerte de D. Rafael del Riego (Un crimen de los Borbones) y un fragmento, ya que no la publicó en su totalidad, la hallamos en el libro de Eugenia Astur, Riego, de 1933. Desde 1933 hasta 1984 no he encontrado ninguna otra, a partir de esa fecha disponemos de varias.

He elegido la copia del 5 de noviembre de 1824, que Don J. M Goñi Galarraga encontró en el Archivo Histórico Nacional y transcribió en 1984. Puede verse en Anejos de la Revista TRIENIO Madrid 1987, es la más completa y dado que él la trascribió con la grafía de la época, yo lo hago con la grafía actual para mayor comodidad y comprensión de su lectura:
EN EL NOMBRE DE DIOS Y DE LA SANTISIMA TRINIDAD, Padre hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero: Yo Maria Teresa del Riego, viuda del Excelentísimo Señor Don Rafael del Riego, Mariscal de Campo de los ejércitos Nacionales, Caballero Gran Cruz de la orden Militar de San Fernando, Diputado a Cortes, etc., natural de la Provincia de Oviedo en España, últimamente vecina de Madrid y ahora residente nº 13 Seymour Place en Little Chelsea, cerca de la ciudad de Londres, hallándome postrada en cama de muy penosa y larga enfermedad, y próxima a partir de este mundo a unirme a mi hacedor en bienaventuranza eterna que me prometo y espero por los inagotables merecimientos de nuestro Señor Jesucristo mi redentor, por los de su Santísima madre y los de todos los santos y bienaventurados, cuyas oraciones, me encomiendo; primeramente declaro, que he vivido y muero en la católica creencia de mis Padres y que creo todo lo que la Iglesia Católica cree y confiesa que deseo que las reliquias de mi existencia sean funeradas con aquellas ceremonias místicas que consuelan, alivian y aseguran a los muertos la resurrección de la Carne, y que conservadas en una Urna, estén y se tengan a la disposición de mi cuñado Don Miguel del Riego, Canónigo de la Iglesia Catedral de Oviedo, para que las conduzca adonde tuviese por conveniente, y puedan ser trasladadas a España en tiempo oportuno, y unidas a las de mi esposo si se encontraren el día en que fuese restablecida la libertad de mi patria.
Declaro ser asimismo mi voluntad que todas las alhajas pertenecientes a la persona de mi difunto marido, cuales ellas fuesen y en donde quieran que ellas existan, sean entregadas a mi cuñado el citado Don Miguel del Riego, y que lo sea igualmente la Espada propiedad nacional, que perteneciendo a mi esposo el uso de ella durante su vida, la supo conservar sin la menor mancha, afín de que dicho mi Cuñado la custodie y guarde para entregarla a debido tiempo a la Nación legítimamente reunida, según que por un decreto en Cortes ella misma lo había acordado cuando las circunstancias lo permitan.
Es así mismo mi voluntad que todos mis vestidos, alhajas se entreguen a mi hermana Doña Lucía, a quien se las dono y lego, para que las disfrute y posea en mi nombre, así por el fraternal afecto que me merece, como por los cuidados y atento cariño con que por más de veinte y seis meses me ha asistido; siendo mi voluntad que de dichas alhajas, tome para si mi cuñado Don Miguel un anillo con un solitario de diamante que me regalo mi marido, y es el mismo que a él le fue entregado y regalado por una señora desconocida en Madrid, a los dos o tres días después de su entrada allí por septiembre de mil ochocientos veinte.
Es del mismo modo mi voluntad que de las trescientas y noventa libras esterlinas que existían a mi disposición en poder de Mr. James Barnett contra quien he dirigido antes de ayer una orden para que las entregara al mencionado mi cuñado Don Miguel, y que son el resto de las quinientas con que me favoreció el Comité Inglés, satisfaga el dicho mi cuñado los gastos necesarios de mis funerales y el remanente lo distribuya, dando dos partes de el a mi referida hermana Doña Lucia, y la otra tercera a mis dos hermanas Doña Joaquina y Doña Josefa, si ambas aun vivieren, a partir por mitad, y a quienes abrazo dentro de mi corazón muy tiernamente, siendo asimismo mi voluntad que cualquiera otra suma que pudiera pertenecerme sea divida y repartida en la misma forma.
A mi Cuñada Doña María del Carmen del Riego de Macias es mi voluntad que se le dé y entregue un anillo de brillantes el que me regalo mi cuñado Don Miguel cuando me case, y que fue de mi madre y antes de mi Abuela y un abanico antiguo que me regalo al mismo tiempo, que también perteneció a las mismas, con otro más moderno, y un pañuelo de cuello se entregaran a mi prima Doña Maria del Riego de Uría.
El pañuelo de Seda negro único legado que pudo hacerme por su última memoria mi difunto marido en los duros trances de su muerte, es mi voluntad que lo recoja mi cuñado Don Miguel para entrelazarlo al puño de la espada que deberá devolverse a la Nación como va dicho cuando las circunstancias lo permitan.
Recomiendo y encargo encarecidamente a mi hermano Don José del Riego y Riego el cuidado de nuestras dos comunes hermanas Doña Joaquina y Doña Josefa, y también el de nuestros hermanos Don Victoriano y Don Antonio a quienes procurara poner al lado del dicho mi cuñado donde quiera que se encuentre y a todos encargo y ruego oigan y sigan sus dictámenes y consejos, sin olvidarme tampoco de mi media hermana Doña Maria.
Agradecida sobremanera a las a las demostraciones de interés y aprecio y respeto que he recibido en este país adonde me arrojaron mis males y la tempestad política en que naufragó mi Patria, deseo y ruego a mi cuñado Don Miguel que manifieste la última memoria de mi gratitud a todas aquellas personas que me han honrado y favorecido, y especialmente a los ciudadanos Mrss. White y Windus como comisionados que me vinieron a ofrecer en nombre de algunos vecinos del Ward de Bishopgate Street.
Considerando en mi como una obligación y un acto de justicia debido a la buena memoria de mi amado marido el declarar como lo hago en la terrible presencia de Dios, ante cuyo tribunal debo pronto comparecer, declaro y digo: que todos sus sentimientos y conducta privada, sus vivas ansias y desvelos por la libertad y la felicidad de su Patria, fueron y han sido siempre en perfecta conformidad y armonía con sus acciones políticas, llevando siempre y ocupando toda su noble alma los más puros y vivos deseos de su independencia política, de su libertad civil, y la paz y prosperidad de sus ciudadanos, sin otra ambición personal más que aquella de la gloria de haberla consagrado su vida y sus servicios. Y queriendo yo tener el consuelo de testificar en los últimos instantes de mi vida el amor que siempre yo también la he profesado, ya por los impulsos naturales de mi educación y disposición moral, y ya por las poderosas inspiraciones del heroico ejemplo de mi marido no puedo menos de consignar en esta mi última voluntad y testamento, los vivos deseos que tengo de la paz doméstica, de la felicidad y prosperidad duraderas de mi amada Patria rogando encarecidamente a todos sus buenos hijos, a todos los españoles sensibles a sus desgracias y trastornos presentes, que contribuyan por cuantos medios estuvieren a sus alcances a restablecerla en sus imaginables (?) e imprescindibles derechos, y no obstante que bajo al sepulcro en la firme convención de que los padecimientos y últimos sacrificios de mi difunto marido Don Rafael del Riego serán siempre en la memoria de todos los buenos Españoles y apreciados como merecen, y de que confío que lo será también toda su familia que es la mía propia, les ruego en mis últimos suspiros, que echen sobre ella, sobre mis huérfanas hermanas y hermanos, una mirada de compasión cuando las circunstancias lo permitan.
Y por cuanto que las Cortes Generales ordinarias han decretado y concedido en el mes de Junio del mil ochocientos veinte y uno, una pensión anual de ochenta mil reales de vellón sobre las rentas y fondo Nacionales para el General Don Rafael del Riego, como para su esposa e hijos durante sus vidas, la cual fue mandado y acordado llevar a debido cumplimiento y efecto no obstante de la terminante y decidida renuncia que hizo de ella ante las Cortes dicho General mi difunto marido, y como no haya cobrado parte de esta pension durante su vida, ni yo la haya percibido después de su muerte, no teniendo como no tengo hijos a quienes pertenezca, declaro que es mi última voluntad y deseo que el balance de todo lo que de ella pueda corresponderme hasta el último día de mi vida, sea aplicado para el socorro de las viudas y huérfanos de aquellos buenos Españoles que fieles y leales como mi marido perdieron las suyas en defensa de las libertades de su Patria- y últimamente por el presente nombro, elijo y constituyo a mi cuñado el canónigo Don Miguel del Riego, por único ejecutor de esta mi última voluntad y testamento, en testimonio de lo cual pongo aquí de mi propia mano, mi nombre, apellido y firma, siendo testigos los señores Don Ramón Luis de Escobedo, Don Juan Álvarez y Mendizábal y el Doctor Don José Passaman a doce días del mes de Junio de mil ochocientos veinte y cuatro= Maria Teresa del Riego=como testigo= Ramon Luis Escobedo= como testigo Juan Álvarez y Mendizábal= como testigo José Passaman.
Present at the execution and attestation here of the last will and testament of Maria Teresa del Riego. This 12th Day of June 1824. Eneas Mac Donnell. – At he request of the Canon Riego, I here affix my name and the seal and testify my respect for the memory of the unfortunate General Riego, who fell a sacrifice in the cause of his country, and also for his unfortunate Widow. – Mansion House, London, November 5 1824- Rob. Waithman (alcalde)- tiene el sello de la ciudad

Teresa del Riego. Museo del Romanticismo. Madrid
Nos dice Teresa que era residente en Madrid. Efectivamente. El 15 de octubre de 1821 había contraído matrimonio por poderes con el General Riego, con quien estaba muy unida desde su infancia. Rafael había sido elegido Diputado por Asturias en las elecciones de 3 de diciembre de 1821, y juró su cargo el 25 de febrero de 1822. Teresa se trasladó a Madrid hacia el 20 de enero de 1822, para reunirse con su esposo y su hermano Antonio. Iba acompañada por su tío el canónigo y por su hermana Lucia. De esta, nos recuerda Teresa en su testamento, que la acompañaría y asistiría durante 26 meses de su vida, o sea desde que se trasladaron a Madrid hasta su fallecimiento en Londres.
Vivieron algunos meses entre Miraflores de la Sierra y Madrid, y no dudamos disfrutaría de la vida social con su esposo, pero no pasaría mucho tiempo en la capital del reino, su delicada salud hizo que buscasen un clima más benigno y políticamente más tranquilo que el madrileño y emprendieron la ruta hacia el sur hacia finales del verano de 1822. En dos coches de caballos emprendieron el viaje. Iban acompañados, además del canónigo y de Lucia, por una escolta de ocho soldados a caballo. Desconozco las etapas del viaje, pero sabemos que durmieron en Andújar donde fueron agasajados con todo tipo de actos y allí le regalaron a su esposo una espada de honor. El 6 de septiembre habían dormido en Valdepeñas. El folleto Descripción de los festejos hechos al benemérito Don Rafael del Riego por el Ayuntamiento constitucional de Granada 1822, nos permite ver como se desarrollaron los actos.
El Ayuntamiento granadino supo el 5 de septiembre que estaba cercana la llegada de Riego y nombró una comisión que se encargó de engalanar la ciudad y preparar los actos. Se construyó un arco triunfal, en el que, sobre los huecos laterales, se pusieron los bustos de Padilla, Bravo, Porlier y Lacy. Se engalanaron los miradores y balcones de las casas capitulares y se dio el nombre de Rafael del Riego a la calle de la Alhóndiga, lugar en el que estaba la casa del conde de Rio Molinos, José Mª de Hermosilla, en la que se hospedaron. Las calles estaban abarrotadas cuando verificaron su entrada el viernes 13 de septiembre a las tres de la tarde en Granada. Por la noche hubo iluminación general del Ayuntamiento y de las casas particulares. El sábado día 14 asistieron a la recepción en el Ayuntamiento y por la noche a una función de teatro. El domingo día 15, pasó revista el general a la Milicia Nacional y por la noche fueron al teatro y disfrutaron de los fuegos artificiales posteriores. El lunes 16 asistieron a un banquete en el Generalife organizado por amigos y por la noche de nuevo al teatro. Concluyeron los actos en su obsequio, el martes 17 por la noche, con una función de teatro gratis para el pueblo al que se le habían entregado entradas distribuidas entre todas las clases. Este mismo día el Claustro de la Universidad de Granada le había condecorado a Rafael con los títulos de Maestro en Artes y Doctor en Leyes.
El 23 de noviembre de 1822 estaban en Granada desde donde escribe Miguel a Ramón González Sela.
La convocatoria a Cortes extraordinarias de octubre de 1822 obligó a su marido a regresar a la capital, desde ella escribirá, 19 de noviembre, al rector de la Universidad D. Antonio de Aldeyro y Aldao acusando recibo de los títulos de Maestro en Artes y Doctor en Leyes, así como del Discurso pronunciado en el solemne acto.
Rafael del Riego se separó de su mujer para no volver a verla nunca más. Esperaba Teresa que fuese corto el tiempo de separación y bajo la protección del canónigo viajó a Motril, pequeño lugar en la costa de Granada famoso por la salubridad de su clima. Aquí seguía en enero de 1823 desde donde había escrito a una amiga de Oviedo describiéndole el paisaje maravilloso de naranjos, algodón y caña de azúcar. En marzo de 1823, Teresa, Lucia y el canónigo, aconsejados posiblemente por Rafael, se dirigieron hacia Málaga.
La invasión de las tropas francesas, los Cien Mil Hijos de San Luis, provocó que el Gobierno se trasladara a Sevilla y posteriormente a Cádiz; ante el cariz que iba tomando la situación, y bajo el consejo de su marido buscaron protección en Gibraltar de donde salieron para Inglaterra hacia el 4 de julio. Debido al mal estado de la mar y vientos desfavorables no alcanzaron las costas inglesas hasta mediados de agosto, y llegaron a Londres el 17 de agosto de 1823. Serán sin duda de los primeros exiliados.
No era demasiado esperar que los sufrimientos de Teresa encontraran un poco de descanso, no obstante, la visitación continua que recaía sobre ella era más perjudicial que todo lo había precedido. Sin padres, separada de su familia, fugitiva de su patria, sus angustias todavía encontraban un consuelo en la esperanza de que un día u otro disfrutaría de la compañía de su marido como premio de su fortaleza moral. La desesperación pronto habría de llegar.
Por carta de Miguel del Riego a Jere Mill fechada el 19 de septiembre de 1823, sabemos que estaban instalados en Alfred Place, Goswill Street Road, 27. El Major Cartwright se había encargado de su acomodo. Pensaban permanecer poco tiempo en Londres ya que la delicada salud de Teresa requería un clima más benigno y el Major Cartwright les dio información sobre Hastings donde podrían pasar el invierno. Aquí debió de recibir Teresa la visita de los señores White y Windus, comisionados por el vecindario de Bishopgate para ofrecerle sus respetos, atenciones y ayuda pecuniaria, de lo que se sintió sumamente agradecida.
La noticia de la capitulación de Cádiz, que les llegó por carta de Andrés María O’Brien, y el encarcelamiento de su marido el 15 de septiembre hacía suponer lo peor. Salvar a Rafael era el mayor objetivo y Londres el lugar idóneo donde realizar las gestiones. Teresa y Miguel elevaron una súplica al gobierno francés para que intercediera por la vida del general Riego a instancias de Lord Nugent y Lord Holland. El 12 de octubre el canónigo pidió audiencia al príncipe de Polignac, embajador de Francia en Londres, y el mismo día recibió la respuesta diciéndole que un pequeño viaje le había impedido verle y que además Rafael era prisionero de los españoles y no de los franceses por lo que solo perdería un tiempo precioso tratando el asunto con los franceses y que, aunque deseaba tratar el asunto sería lamentablemente inútil.
El 15 de octubre volvieron, el canónigo y Teresa, a escribir una nueva carta en la que solicitaban se enviase una petición al rey de Francia para que intercediera ante el rey de España por la vida de don Rafael y adjuntando otra carta para este. La respuesta del día 17 señalaba que se enviarían ambas al Ministerio de Asuntos Exteriores francés por el mensajero que iba a Paris aquella noche. Después de un mes sin respuesta de Paris, el 14 de noviembre, desconociendo la muerte de su hermano, escribió Don Miguel a Canning para que tramitara la petición diciéndole que Sería superfluo convencer al señor Canning, que con tanta elocuencia demostró públicamente en el Parlamento la injusticia de la invasión de España por Francia, así como la injusticia y la incompetencia del proceso judicial contra Riego. Se sabe que el acto que condenará a Riego fue el acto de un gobierno al que todas las potencias, al enviar a sus embajadores, habían reconocido.
El 16 de noviembre, el secretario de Canning don José Planta les contestó que estaba a punto de cumplir la orden (de mandar la petición enviada por Don Miguel y Doña Teresa a Chateaubriand) cuando le impidió hacerlo la llegada de la noticia de la ejecución de Riego desde Paris. Debió ser en estas fechas cuando Teresa preguntó si se sabía algo del ejército y el buen canónigo le comunico “tu marido ya no está, reposa con los valientes.”
El novelista irlandés, Gerald Griffin nos relata que había estado negociando con el dueño del apartamento del número 76 de la calle de Regent Street para conseguirles alojamiento en el centro de Londres, pero la llegada de la noticia de la muerte de Riego, hizo que Teresa lo rechazase y buscasen un lugar de menor precio.
Gerald Griffin dice que los había conocido a través del caballero español Valentín de Llanos, escritor liberal que se había exilado voluntariamente en 1814, viajado por Europa y en Italia había conocido al poeta inglés John Keats, pocos días antes de su fallecimiento. Posteriormente Valentín Llanos viajará a Londres y se casará con la hermana de John Keats: la poetisa Frances Mary Keats, o Fanny Keats. Escribirá novelas en inglés y se relacionará con los exilados de 1823. Como la mayoría de los liberales exilados no regresará a España hasta la muerte de Fernando VII.
Siguiendo con el testamento, nos dice Teresa que es residente del número 13 de Seymour Place, en Little Chelsea, cerca de la ciudad de Londres. En aquel periodo fue el lugar elegido por los emigrados debido a su bajo coste, y así nos lo confirma Griffin al decir que Seymour Place, se le conocía en aquella época, posteriormente conocido como Seymour Terrace. En febrero de 1824 Griffin fue presentado a Teresa, estuvo en su casa y escribe que la encontró mucho mejor de lo que esperaba, pero que se agotaba inexorablemente. Era obvio el padecimiento mental que sufría provocado por la muerte de su esposo y que solo la muerte podría concluir, pero su educación y sus principios morales la hacían mantener una extraña calma.
El 18 de mayo, exactamente un mes antes de que terminaran los sufrimientos de Teresa nos dice Griffin que el canónigo le había enviado un poema con muchos cantos, cuyo tema era la vida del desgraciado general, y expresaba el canónigo el deseo de que fuese material suficiente para hacer en inglés un poema similar, si Griffin estuviese dispuesto a hacer algo sobre dicho tema. Refiriéndose a Teresa, narraba que estaba exánime, que el fuego de sus ojos y el rubor de sus mejillas mostraban los indudables signos de su sufrimiento.
En abril había recibido la visita de George Matthewes, Ayudante de Campo y compañero de su marido y no dudamos que la narración de los hechos ocurridos precipitaron su fin.
No olvida tampoco en su testamento Teresa, la creación del Comité Inglés, formado por personalidades de la vida pública inglesa y que había sido propiciado por el hispanista John Bowring. Constituido en enero de 1824 se había formado para ayudar a los exilados que empezaron a llegar desprovistos de medio de subsistencia alguno. Dicho Comité le había hecho entrega de la cantidad de 500 Libras esterlinas, para hacer frente a sus primeros gastos y de cuyo remanente ella distribuye en el testamento.
Habría que reseñar aquí que cuando llegó a Inglaterra, antes de enviudar, algunas personas que estaban informadas de su situación le hicieron llegar la cantidad de 80 o 100 Libras que habían reunido varios suscriptores y que les fueron devueltas cuando Teresa, aconsejada por varios compatriotas, dignamente las rechazó. Contaba ella con la esperanza de que la situación en la que estaba se solucionara pronto, y su marido remediaría su infortunio y necesidades. ¡Vana esperanza!
Mª Teresa del Riego del Riego era hija del matrimonio formado por Josefa del Riego Flórez (5-12-1775/26-1-1815) y Joaquin del Riego Bustillo (16-9-1758-?), casados el 15 de diciembre de 1798 en la villa de Tineo. Su padre Joaquin era viudo y tenía una hija de su primer matrimonio llamada María (conocida como Mariquita). Joaquín era Regidor de la villa y Patrono del Hospital Mater Christi de Tineo, en 1787 estaba en Nueva España. Posteriormente sería funcionario de Correos en Oviedo. En 1807 era diputado de la Junta General del Principado.
El primogénito, del matrimonio de Joaquín y Josefa, Alonso nació el 5 de abril de 1799 pero falleció de niño, sin que sepamos a que edad. Mª Teresa sería la siguiente: nacida el día 15 de mayo de 1800 en la villa de Tineo y fallecida en Londres el 19 de junio de 1824.
A Teresa le siguieron José (2-2-1802/…?) nacido también en la villa de Tineo, Victoriano(23-mayo-1806/¿..?), las gemelas Joaquina y Lucía, ( ¿?1806 /2-11-1872) y Antonio (Tineo 23-7-1808/Córdoba 27-1-1870), todos nacen en Tineo. Pero existe sin duda otra hermana llamada Josefa, ya que a ella hace referencia Teresa en su testamento y de la que no hemos encontrado información en el libro de Senén González “El General Riego. Su ascendencia paterna y materna” 2004. Tampoco las fechas de nacimiento de Joaquina y Lucia parecen probables: si aceptamos la fecha de nacimiento de 1806 constatamos que Victoriano, Joaquina y Lucia nacieron ese año. En la Biblioteca Nacional se halla el documento manuscrito “Apuntes para una biografía” en el que Miguel del Riego dice que eran gemelas y que la última hija de su hermana Josefa era Josefa también. Me inclino a creer que nacería en 1809, un año después de Antonio, en plena Guerra de la Independencia y con el Principado invadido por los franceses, por el momento desconocemos lugar y fecha de nacimiento.
Esta es la única información que poseemos sobre la hermana pequeña, Josefa, pues aunque hasta el momento no hemos conseguido otra, resulta suficiente para constatar su existencia como hemos visto en el testamento de Teresa.
Nos imaginamos al matrimonio de Josefa y Joaquin, con la hija de su primer matrimonio María, con Alonso (1799), Teresa (1800), José (1802), Victoriano (1806), Joaquina (180.?), y Lucia (180.?): una niña de pocos años, otra de 6 años, un chico de 4 y la llegada de 3 niños en 1806. Este hecho, de tener gemelas o trillizos, haría totalmente comprensible que al nacimiento de sus tres hermanos Teresa pasara, a tan corta edad, a vivir con sus abuelos Eugenio del Riego y Teresa Flórez. Aunque más bien creo que ante la existencia de otra niña pequeña de un matrimonio anterior decidieran los abuelos hacerse cargo y disfrutar de los goces de su primera nieta, poco después de su nacimiento.
En Oviedo vivía D. Eugenio con su familia, desde que lograse el cargo de Administrador de Correos en 1787 y en su Universidad estudiaron sus hijos. Su hijo Miguel se hizo sacerdote y obtuvo una canonjía en la catedral y en ella ejerció sus oficios de canónigo hasta 1822. Su hermano Joaquin, que habría hecho sus estudios allí también, y Rafael que se incorporó en mayo de 1807 a la Guardia de Corps en Madrid. Joaquín acompaño a su hermano Rafael a Madrid y posteriormente continuó viaje hasta Aragón donde había sido nombrado Alcalde del Crimen. Fallecería en Huesca en 1811.
Teresa, llamada cariñosamente Puchurra, que por estas fechas contaba siete años, no volverá a ver a su tío Rafael hasta 1814, si exceptuamos los breves días que Rafael estuvo en Tineo en 1808 antes de unirse al ejército del General Acevedo, y terminar en los depósitos de prisioneros en Francia, después de la derrota de la batalla de Espinosa de los Monteros. Poca, por no decir nula, es la correspondencia entre ambos que ha llegado hasta nosotros.
Educada por el ilustrado Don Eugenio, su abuelo, la infancia de Mª Teresa trascurrió feliz y sin sobresaltos en Oviedo hasta que el 19 de mayo de 1809 la ciudad era ocupada por las tropas del General Ney, pero estaba casi vacía pues la mayoría de los habitantes habían marchado y ellos posiblemente estarían instalados en la casa familiar de Tuña. Dos años más tarde se producirá la segunda invasión y las tropas francesas permanecerán en Oviedo desde el 1 de febrero de 1810 al 14 de junio del mismo año. Este año sobreviene la muerte de su abuela en 1810. Vivian en la casa por aquella época sus tías Gabriela, Gabeluca o Garbilia (como la llamaba Rafael) y Carmen.
En plena guerra, marzo de 1813, Eugenio, ya viudo, le pide a su hijo Miguel que les busque refugio en Galicia y con 13 años se trasladará Teresa a Ferrol con su abuelo, y allí estaría cuando su tía Carmen, 21 años, contraiga matrimonio con su pariente Antonio Macia de Ponferrada, y su tía Gabriela, 24 años, conteste, a vuelta de correo, la carta de ruptura de su compromiso matrimonial con un pariente de Arévalo, llamado Alejandro y que pasaba a incorporarse al ejército en la ciudad de Toro.
A Teresa dedica su abuelo D. Eugenio del Riego la siguiente poesía:
La Jardinera graciosa, /No es Flora, que es mi Raquel/ Siendo su boca un clavel, /
Cada mexilla una rosa. / En su frente la azucena/Luce con mucho primor, /
Y de la menuda flor /Del jazmín su pecho llena;/ Y el cinamomo en su cuello,
Como de marfil labrado, /Parece que fue copiado/De un busto de mármol bello. /
Así es mi Raquel bonita, /Que a todo el mundo enamora;/Y en vano querrían que Flora
Con sus bellezas compita. /
Su tío D. Miguel del Riego, en nota a pie de página nos dice que, en los últimos meses de su vida, impedido D. Eugenio de salir de casa y aun de bajar al jardín, y constantemente atormentado de un reuma intestinal que acortó sus días, su único entretenimiento y desahogo era ocuparse en limpiar y regar los cuezos y macetas de flores que estaban en el balcón y por las ventanas de su cuarto, o en componer algunos apologuillos y epigramas. Para lo que le ayudaba mucho esa Jardinera graciosa trayéndole las macetas de flores a veces hasta encima de su cama y sirviéndole de amanuense para escribir algunos de aquellas poesías que, con el tiempo, 1842, habría de publicar su hijo en Londres D. Miguel del Riego, muchos años después.
La joven Teresa había perdido a su abuela en 1810 y a su madre en 1815. En Oviedo vivía, contaba 16 años, cuando se produjo el fallecimiento de su abuelo D. Eugenio en 1816 quien reposará en el camposanto ovetense. Su tío canónigo será quien se ocupe de ella a partir de este momento.
Con veinte años Teresa está en edad de iniciar nueva vida. Quizás el compromiso matrimonial con Rafael, su tío, se hubiese gestionado antes de la Proclamación de la Constitución de 1812 en Cabezas de San Juan, Sevilla, el 1º de enero de 1820. Pero tampoco descarto fuese posterior y coincidiese con su llegada a Oviedo, después de haber sido nombrado Capitán General de Galicia, anulado posteriormente, y de haberse tenido que trasladar a Madrid, a petición del Monarca, para conocerle: entrevista celebrada el 31 de agosto o ser insidiosamente acusado de los disturbios producidos en el teatro, 3 setiembre, cuando el público entonó el Trágala, que el Jefe Político prohibió y que acabó siendo la excusa perfecta para desembarazarse de él y destinarle de guarnición a Oviedo.
De camino para Asturias, asistió Rafael en Valladolid, el 9 de setiembre, a la tertulia de la Sociedad Patriótica de la ciudad llamada Amigos de la Constitución. Seguramente también lo haría cuando llegó a León al haber sido nombrado socio el 13 de julio.
Rafael del Riego llega a su destino, Oviedo, hacia finales de setiembre y será por estas fechas cuando Teresa reciba como obsequio el anillo de diamante que una dama desconocida regaló a Rafael a los dos o tres días de su entrada en Madrid y que ella dispone en el testamento pase a propiedad del canónigo. En la casa natal de Tuña pasarían algunos días y el 15 de octubre el pueblo de Tineo, feliz de su llegada, le conmino a decir unas palabras desde el balcón de la casa en la que estaba alojado.
En Oviedo recibió su nombramiento de Capital General de Aragón, con fecha de 28 de noviembre de 1820 y decidió que le acompañase el hermano de Teresa: Antonio del Riego, quien a partir de este momento seguirá siempre con él. En carta de Rafael a Juan Álvarez Mendizábal) desde Alcañiz (29-8-1821) leemos lo siguiente: Mi sobrino Antonio de edad de 14 años también tuvo la osadía de subir a la tribuna a dirigir la palabra al pueblo, y tanto por su corta edad y diminuta persona recibió una porción de los aplausos que se tributaron sucesivamente a los oradores….
No es sorprende encontrar información sobre la muerte de Teresa del Riego en los periódicos norteamericanos de la época como The Royal Gazzette and Bahama advertiser, Western Censor, Fincastle Mirror. En el periódico norteamericano The Troy Sentinel del 24 de Agosto de 1824, hallamos un largo artículo sobre su vida y muerte, verificando el interés del público americano por los asuntos españoles y europeos. Veamos el articulo:
MUERTE DE LA SEÑORA DE RIEGO
El sábado, doña María Teresa del Riego y Riego, falleció en su residencia, Nº 13, Seymour-Place, Little Chelsea.
Esta dama, cuyas desgracias han interesado tan intensamente la simpatía pública, era la hija de Don Joaquin del Riego Bustillo, y doña Josefa del Riego Flórez. Había nacido el 15 de mayo de 1800, en la ciudad de Tineo, capital del distrito del mismo nombre, en la provincia de Asturias, y era la mayor de siete hijos, en la fecha de su fallecimiento tenía vivos tres hermanos y tres hermanas, todos los cuales estaban separados de ella por las fatalidades de la guerra civil, excepto una hermana, doña Lucia, quien ni el peligro ni las privaciones pudieron separarla del cuidado y atención que fue capaz de manifestarla bajo cualquier prueba.
En su infancia, la señora de Riego fue adoptada, con objeto de cuidarla especialmente y darle cariño, por su abuelo materno, con quien vivió en el pueblo de Tuña. En 1808, obligada, junto con el y el resto de la familia, a moverse de un lugar a otro debido a la invasión francesa, así pasó su primera juventud. Pocos años después perdió a sus parientes adoptivos, por lo que el cuidado y custodia de ella y sus hermanos recayó sobre su próximo pariente y familiar don Miguel del Riego, Canónigo de la Catedral de Oviedo, en cuya ciudad residía y todos ellos con él.
El 15 de octubre, 1821, se casó por poderes, de acuerdo con la costumbre del país, en Cangas de Tineo con el General que la conocía desde la infancia. En febrero, 1822, fijaron su residencia en la ciudad de Madrid, pero la confusión política y los continuos sobresaltos de la época parece que afectaron su salud, por lo que en el mes de setiembre el general pensando en un clima más sureño para el restablecimiento de su delicada constitución, la llevo a Granada.
La convocatoria de Cortes extraordinarias en octubre, 1822, le obligó a regresar a Madrid, y se separó de ella… ¡para no volver a encontrarse! La colocó por espacio de corto tiempo, eso pensaba entonces, bajo la protección de su hermano canónigo una vez más, quien la llevo a Motril, lugar en la costa granadina famoso por su benigno clima. En marzo, 1823, se le aconsejo se trasladara a Malaga a donde viajó acompañada por el canónigo. Fue perceptible una mejoría de su salud, pero de nuevo parecía estar destinada a sufrir nuevas aflicciones.
En junio, se vio obligada a buscar refugio en Gibraltar para evitar el avance hacia el sur del ejército francés. El general Riego, en mitad de su carrera política, preocupado por su seguridad y tranquilidad les sugirió que marchasen a Inglaterra, y de acuerdo con ello para allí embarcó, 4 de julio, junto con su inseparable hermana doña Lucia y el canónigo. Debido a vientos desfavorables y mal tiempo no llegaron a Londres hasta el 17 de agosto.
No era demasiado esperar que ahora, por lo menos, sus sufrimientos encontrasen algo de paz, pero la continua visitación que recaía sobre ella era más perjudicial que todo lo que había antecedido. Sin padres, separada de sus familiares, fugitiva de su patria, sus ansiedades todavía encontraron una vía en el consuelo de que un día u otro disfrutaría de la compañía de su marido como premio a su fuerza moral. Nunca hubo una decepción más terrible y aplastante. No es necesario detallar la persecución de su marido, o la consumación que la concluyó. Sea suficiente con decir que a los tres meses de su llegada a Londres el acto sanguinario se perpetro, extinguiéndose de esa forma cualquier consuelo presente o esperanza futura. Su débil estructura ya no pudo superar o resistir por más tiempo- se desgastaba y se consumía día a día bajo la influencia corrosiva de un tedioso desgaste diario y finalmente concluyó su triste camino en los brazos de su hermana, atendida por su devoto protector, el inestimable canónigo, y varios distinguidos y fieles españoles, quienes, hasta el último momento, adheridos a la suerte de su marido, disfrutaron de su confianza y siempre dieron pruebas de respeto, atención y cuidado hacia su viuda.
Pocos días antes de su deceso, dio a entender a los que la rodeaban un vivo deseo de r llevar a cabo la realización de un documento testamentario y el 12 de junio redactó su última voluntad. En él no solo ordena sus asuntos privados, sino que nos proporciona pruebas adicionales de su indudable amor por su patria de nacimiento y expresa su deseo de felicidad para su patria. Teresa demuestra que tiene una equitativa y justa opinión de Gran Bretaña, y pide a su ejecutor, el canónigo, que asegure al pueblo británico la gratitud que siente hacia el en el momento de su muerte, por la simpatía y apoyo que le demostró en las horas de su amarga adversidad, pero lo que verdaderamente hace que su testamento nos afecte tanto, es su solemne declaración de la pureza y sinceridad de la vida política del General Riego: al constatar lo que considera ser su último acto de justicia a la memoria de su amado esposo, declarar solemnemente, en la terrible presencia de Dios, ante cuyo trono pronto aparecerá, que todos sus actos y disposiciones privados respecto a su país se corresponden a los actos públicos y profesionales en defensa de las libertades de su patria.
De esta manera feneció, en toda su juventud, esta amistosa e inteligente dama, la historia de cuya vida está llena de melancolía e interés. Todos aquellos cuyos sentimientos u opiniones merezcan la pena considerarse, pronto extenderán a su memoria el tributo de su respetuosa simpatía.
Volviendo a su testamento Teresa nos hace no solo un repaso de su vida familiar sino de la vida política de su esposo y de la nación al destinar la pensión a las viudas y huérfanos de aquellos buenos Españoles que fieles y leales, como su marido, perdieron la vida en la defensa de la libertad. Pensión concedida por las Cortes a su marido y que nunca cobró:
…Y por cuanto que las Cortes Generales han decretado y concedido en el mes de junio de mil ochocientos veinte y uno, una pension anual de ochenta mil reales de vellón sobre las rentas y fondo Nacionales para el General Don Rafael del Riego, como para su esposa e hijos durante sus vidas, la cual fue mandado y acordado llevar a debido cumplimiento y efecto no obstante de la terminante y decidida renuncia que hizo de ella ante las Cortes dicho General mi difunto marido, y como no haya cobrado parte de esa pensión durante su vida, ni yo la haya percibido después de su muerte, no teniendo como no tengo hijos a quienes pertenezca, declaro que es mi última voluntad y deseo que el balance de todo lo que de ella pueda corresponderme hasta el último día de mi vida, sea aplicado al socorro de las viudas y huérfanos de aquellos buenos Españoles que fieles y leales como mi marido perdieron las suyas en defensa de las libertades de su Patria...
Pero lo que más nos impresiona es su declaración como acto de justicia debida a la memoria de su esposo, don Rafael de Riego, al atestiguar que todos sus sentimientos y conducta privada, sus vivas ansias y desvelos por la libertad y felicidad de su Patria, fueron y han sido siempre en perfecta conformidad y armonía con sus acciones políticas, llevando siempre y ocupando toda su noble alma los mas puros y vivos deseos de su independencia política, de su libertad civil, y la paz y prosperidad de sus ciudadanos, sin otra ambición personal mas que aquella de la gloria de haberla consagrado su vida y sus servicios.
Por último, desea que su espada sea devuelta a la Nación, cuando las circunstancias lo permitan, y que se entrelace en el puño el pañuelo de seda negro único legado que pudo hacerle en los duros trances de su muerte.
Dª Teresa del Riego fallecería pocos días mas tarde, el 19 de junio de 1824, y su entierro constituyó una gran manifestación de duelo. Su cadáver fue depositado en la capilla católica de Moorsfields el 26 de junio.
Un rizo de sus cabellos con un trozo de seda negra fue donado al hoy Museo del Romanticismo por la viuda de Luis de Usoz Dª Mª Sandalia de Acebal y Arratia.
Los retratos de Teresa
Museo Nacional del Romanticismo
Retrato individual femenino. Pintura al óleo en lienzo de 76,50 cms de altura y 63,50 cm de anchura. Pintada por Benjamín Delacour, o Benjamín De la Cour, artista miniaturista de origen francés nacido en Londres en 1795, (por la fecha es probable que su familia pasara a Londres al producirse la Revolución Francesa) y fallecido en 1843 de tétanos al haberse clavado un clavo ferruginoso. Estudiante en la Royal Academy School, en 1818 hizo dos exposiciones ese año, dando como dirección suya “Messrs. Colnaghi’s and Co. Cockpur Street”. En 1824 exhibió un gran retrato de Teresa del Riego, que creemos sea el mismo que actualmente podemos contemplar en la Sala del Billar del Museo del Romanticismo de Madrid.
También leemos que se conserva en el Museo una estampa grabada por TW Harland y pintada por De la Cour, que podía hacer referencia a ese lienzo.
Realizada la consulta correspondiente al museo respondieron que dicha estampa fue adquirida durante el periodo de 1945-1958, fecha en la que el museo era dirigido por D. Mariano Rodríguez Rivas; se adquirió dicha obra por el precio de 15 pesetas, pero no consta nombre del vendedor. Esta inventariada como Inv. CE3718.
Esta estampa es similar a la que se encuentra en el Museo Británico, aunque difiere levemente en las medidas.
En el Museo Británico existe, en el departamento de Grabados and Dibujos, con el nº de registro 1874,0411.30. +, una obra en papel adquirida en 1874 a John Wilson. Retrato de Maria Teresa del Riego, longitud media, sentada en un sofá, mirando hacia el observador, portando un vestido oscuro de manga larga, con cofia anudada a la barbilla, manos juntas, su brazo derecho sobre el brazo del sofá; de De la Cour. Circa 1824. Punteado y grabado. Producer name: Print made by: T W Harland. After B De la Cour. Escuela inglesa. Fecha de producción 1824 circa. Material papel. Dimensiones altura 18cm, anchura 10,4cm. Inscripción: letrada debajo de la imagen con la firma facsímil de la retratada, sentada, que sirve como título, y los detalles de producción: 2 Pintada por B de a Cour 1824” “grabada por T W Harland”. Localización: no está en exposición.
En el Museo de Bellas Artes de Asturias existe una miniatura suya sobre marfil, 5,5 x 5,2 cm de pintor anónimo, y que según podemos leer en el catálogo dataría de su matrimonio con el General Riego. La figura se representa de busto, frontal, con el pelo de raya al medio, recogido en un moño, y dos tirabuzones a cada lado. Lleva puesta una gargantilla de turquesas a juego con las cintas azules del vestido de talle imperio. Ojos grandes y mirada melancólica que expresa su carácter retraído. Preguntada la procedencia de la pintura nos respondieron que fue adquirida el 10 de octubre de 1993 a un particular por el Museo sin facilitar el nombre del vendedor dando como justificación que la protección de datos lo impide.
Según leemos en el Diccionario biográfico de España (1808-1833) De los orígenes del liberalismo a la reacción absoluta, existió otro retrato de Teresa del Riego pintado por Francisco de Goya en 1820 del que se desconoce su paradero. Dicha pintura, una miniatura, le fue sustraída al general cuando entró prisionero en Madrid el 2 de octubre de 1823 por su guardián: Ramón de Zuloaga, Conde de Torre Alta. Según el hispanista Valerian von Logan (1861-1918), dicha miniatura fue ofrecida al Museo del Hermitage en 1909 por Eusebio Zuloaga, pero el museo no la compró (desconfiando posiblemente de la procedencia legal). En 1903 era propiedad de Plácido Zuloaga, en Éibar, según repite el historiador de arte e hispanista alemán August L. Mayer en su libro sobre Goya.
