Víctor Sampedro Blanco es Catedrático de Comunicación Política

2020 será recordado como el año del aceleracionismo tecnológico. En estos meses hemos asistido al uso masivo (aunque desigual  socialmente y desequilibrado a favor de las grandes tecnológicas) de las TIC digitales. Asimismo, asistimos a su implantación en (casi) todos los planos de la existencia individual y colectiva: desde el teletrabajo a la teleducación, pasando por la compraventa de bienes y la prestación de servicios a través de la Red… Y la no menos importante, monitorización de las poblaciones a través de sus dispositivos. No escasean, incluso en esta web, quienes han criticado las medidas adoptadas.

Pero la genealogía de la covid-19 indica que, sobretodo, sufrimos una crisis global y estructural de nuestro modelo de desarrollo: ha implosionado por arriba (cambio climático) y por abajo (alteraciones microbiológicas) peligrando la sostenibilidad del planeta. En el orden social y económica, se instala el darwinismo digital.

Necesitamos, pues, estrategias digitales – adecuadas y específicas a este entorno – de los individuos, los colectivos y las empresas. Serán viables y exitosas en la “nueva normalidad” según sus arquitecturas comunicativas, alfabetización y habilidades digitales. O las administraciones públicas toman medidas para que, en efecto, “nadie se quede atrás”, también en la Red o las desigualdades se profundizarán y los monopolios tecnológicos de facto aumentarán su poder de monitorizar y manipular a las poblaciones.

El confinamiento físico, obligado por la crisis del Covid-19 y sus futuras réplicas, puede dar lugar a un encierro digital. Entendemos por encierro digital la inmersión en un entorno de comunicación e interacción digitales cuyas lógicas económico-políticas, limitaciones y potencialidades tecnológicas son desconocidas por los usuarios. Así estos acaban viendo mermadas su autonomía y capacidad para determinar sus trayectorias vitales y participar en un destino colectivo.

La subordinación de los usuarios digitales y, especialmente de los más jóvenes, a un entorno digital que desconocen puede obviarse apelando a su condición de “nativos digitales”. Pero incluso entre la generación Z –nacidos entre 1995-2012– los índices de competencia digital y alfabetización mediática son muy bajos. No hacen un uso reflexivo, consciente de las consecuencias individuales y colectivas. Tampoco crítico; es decir, consciente de los desarrollos que las TIC digitales ofrecen con usos y objetivos diferentes a los dominantes.

Las dos pedagogías digitales más extendidas representan, a nuestro entender, vías de intervención equivocadas. El enfoque médico considera a los usuarios como enfermos drogodependientes – adictos a usos nocivos y compulsivos – o enfermos con alteraciones psicológicas y mentales – polarización ideológica, sectarismos… Frente a él abunda otro enfoque con un sesgo policial. Aborda a los usuarios como potenciales víctimas o verdugos de todo tipo de abusos y acosos; desde el fraude al mobbing. Aunados, ambos enfoques postularían una gestión biopolítica – control e incluso ingeniería tecnológica, según Foucault – sobre los futuros ciudadanos digitales.

Apostamos, por un proyecto pedagógico de (des)conexión estratégica de las TIC digitales que promueve un uso consciente, limitado, proactivo y crítico. El objetivo es fomentar la (auto)programación y producción de contenidos digitales, programas y redes informáticas que transformen el encierro digital en entornos comunicativos abiertos e interactivos que promuevan el desarrollo personal y colectivo con el máximo de autonomía y autogestión. Es la línea apuntada por las últimas Directrices de UNESCO y la UE y la que se perfila como más adecuada a “la nueva normalidad” que estamos llamados a construir desde un enfoque glocal y de profundización democrática.

Nuestro proyecto arrancó fijando los fundamentos teóricos y los recursos pedagógicos en un libro y una web: Dietética Digital para adelgazar al Gran Hermano. En torno a ellos tejimos una comunidad-red de docencia y aprendizaje colaborativos, que alimentamos con una Newsletter de más de 1000 suscriptores. La iniciativa que proponemos lo ensayamos en cerca de cincuenta eventos, dentro y fuera de España, y lo desarrollamos en Cursos de Centros de Recursos y Formación del Profesorado.

Nuestra propuesta, que presentamos en la Sociedad Cultural Gijonesa, se basa en los siguientes puntos:

* En lugar de ciudadanos (de “civis”, término griego para “político”, de “polis”) que participan en los asuntos públicos a través de las tecnologías digitales; nos encontramos ante clientes –procedente de “cliens”, “clientis”, que deviene de “cluere”: acatar– operando como espectadores del entorno digital. Procesos que se presentan como engagement y participación tienen más que ver con la “interpasividad”: una forma pasiva de consumir discursos de cambio social, que se reciben de manera fragmentada e individualizada limitando su capacidad de intervención. Esto produce “impotencia reflexiva”; traducida en una falta de “imaginación moral o radical” necesaria para prototipar proyectos futuros de cambio.

** Este contexto polariza las comunidades, encerradas en “burbujas de filtro”, y promueve una realidad y un debate público ficticios, sin distinguir publicidad e información. Por tanto, si bien las tecnologías digitales presentan un potencial implícito para generar culturas de participación democráticas y plurales, hemos de ser sensibles a la economía política digital y a los riesgos de concentración del flujo informativo y mercantilización de las comunicaciones e identidades digitales.

*** Frente a los desequilibrios de poder que las formas de participación digital más extendidas consolidan, se hace necesario promover entre la ciudadanía la desconexión y la reprogramación digitales. Se trata de retomar el control sobre las pantallas y proponer usos autónomos de los dispositivos tecnológicos que ahora sostienen un régimen de visibilidad que aumenta la desigualdad acumulativa y un sistema de comunicación política proclive a la mentira.

En esta tarea adquieren máxima relevancia las competencias digitales de los cuerpos docentes, y su capacidad para fomentar la alfabetización mediática y las competencias digitales de los jóvenes. Estas aptitudes son fundamentales para poder hablar de una ciudadanía digital de pleno derecho, capaz de ejercer una participación completa en sociedades saturadas de información.

Taller de reconexión digital para una “nueva normalidad”

Partimos de una guía de visionado de 10 recursos (audio)visuales (nueve vídeos –series, películas y documentales– y una novela gráfica) diseñada para el desarrollo de los talleres. Por una parte, abordamos de forma crítica los roles que desplegamos ante la tecnología como clientes y espectadores. Por otra, proponemos unas prácticas de reconexión y reprogramación que construyan una ciudadanía digital de pleno derecho: consciente, responsable, autónoma y soberana.

La pedagogía digital que proponemos considera la televisión digital (los realities) y las redes y plataformas como un “continuum” integrado en un mismo modelo de negocio que afecta las comunicaciones a nivel individual-personal, colectivo-relacional y socio-político.

No ponemos el foco en enseñar las habilidades más extendidas para un uso tecnológico “adecuado o eficaz”. Apostamos por considerar a los usuarios como potenciales ciudadanos que intervendrán en las políticas públicas digitales. Hacemos énfasis en los conocimientos y valores propios de una ciudadanía digital de pleno derecho: desde los hábitos para hacer usos más libres de las tecnologías digitales hasta los conocimientos necesarios para entender y, por tanto, reclamar políticas acordes a los derechos digitales de la ciudadanía.

Una posible concreción práctica de la propuesta sería un curso de formadores que luego lo impartan al profesorado de los IES y este, a su vez, en sus centros. En un tercer paso, los alumnos de mayor edad, tras recibir el curso, lo impartirán a otros compañeros y compañeras, convirtiéndose en prescriptores de cursos inferiores.

El taller desarrollará las metodologías y guías didácticas para aplicar después en cada una de las etapas señaladas. Se trabajará a partir de 10 materiales audiovisuales proporcionados por los organizadores además de una Guía Didáctica General, que se estructura en cinco bloques.

(1) Desarrollo de la analogía alimentaria, entre la comida rápida y la tecnología adictiva, exponiendo la necesidad de adoptar hábitos digitales saludables.

(2) Recorrido por las implicaciones de la tecnología en tres ámbitos -individual, colectivo y social- abordando la identidad virtual, las vías de interacción y las formas de participación digitales.

(3) Roles adoptados por los usuarios tecnológicos, proponiendo la transición de clientes y espectadores a ciudadanos digitales.

(4) Examinar las continuidades entre la televisión e Internet, concretamente entre realities y redes, y elaborar propuestas para reprogramar estos formatos desde el aula.

Y diseñar (5) vías de intervención a nivel individual, colectivo y social en pro de un uso autónomo y soberano de los medios y tecnologías digitales.

En los desarrollos actuales de nuestro proyecto, está previsto que la iniciativa anterior se extienda en un curso posterior de realización audiovisual y en el diseño de una campaña digital que materialicen propuestas para reprogramar la tele y las redes digitales desde el aula o diseñar vías de intervención en los niveles señalados (p.e. elaborar manuales de uso, códigos de buenas conductas, iniciativas autogestionadas de producción y aprendizaje; cabildeo de infraestructuras, prácticas corporativas y políticas públicas digitales…).

Considerando el peso de la infodemia (desinformación y bulos) sobre el COVID-19, las fake news y las conspiranoias digitales ocuparán un lugar preferente de análisis y búsqueda de respuestas.

El carácter modular y escalable del proyecto permite adaptarlo a grupos etarios diferentes. Somos conscientes de su envergadura y ambición, pero también de que están a la altura de los retos que afrontamos.

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