Manuel García Fonseca «El Polesu»
El ataque perpetrado contra Venezuela, sin tan siquiera haber consultado a las instituciones políticas de Estados Unidos, e ignorando supina mente a las Naciones Unidas, es una prueba evidente del autoritarismo individual del presidente Trump, cuyos intereses individuales pasan por encima de cualquier norma legal internacional. Resulta además claramente obscena la justificación con la que se quiere tapar tal desmesura, acusar a Venezuela y su gobierno de narcoterrorista. El descaro de Trump es tal que ya se postula como gestor del petroleo venzolano (quizás la mayor bolsa petrolera del mundo), y para ello ya anuncia la constitución de un gobierno en Venezuela bajo sus ordenes.
En cuanto a hacer de Venezuela y del gobierno venezolano un narco-estado es una mentira monumental. Valga la siguiente información documentada:
Para Pino Arlacchi , antiguo Vice-secretario de ONUDOC, Oficio de Naciones Unidas contra la droga y el crimen detrás de estas campañas contra Venezuela está el interés de Trump por el petroleo, que sirve para justificar las sanciones, los embargos y la amenaza de intervención militar contra un país que, como por casualidad, se encuentra sobre una de las mas grandes reservas de petroleo del planeta.
Los datos publicados en el “Informe mundial sobre las drogas 2025”. El informe contradice punto por punto el discurso geo político de Venezuela como productor o comerciante de drogas, e indica que Venezuela es un territorio desprovisto de toda plantación de coca, de marihuana u otros productos similares, e igualmente está libre de toda presencia de los Carteles internacionales de la droga.
Valga una comparación, Guatemala produce o comercializa 1400 toneladas,mientras que 210 toneladas de cocaína transitaban por Venezuela; sin embargo nadie habla de Guatemala, porque no produce mas que 0,01% de la sola droga que interesa a Trump: el petroleo. En Estados Unidos sin embargo, mueren 100.000 personas cada año de una sobre dosis de opioides, que no tienen nada que ver con Venezuela, todo que ver con las grandes sociedades farmaceúticas americanas.
Cuba representa hoy día el modelo a seguir en materia de cooperación antidroga en los Caribes. Una isla situada cerca de las costas de Florida, una base teóricamente perfecta para el tránsito hacia los Estados Unidos, pero en la práctica no sirve para el tráfico de droga, y causa la admiración del FBI por las rigurosas políticas antidrogas de los comunistas cubanos.
La Venezuela chavista ha seguido siempre el modelo cubano en la lucha contra la droga: “Cooperación internacional, control territorial y represión de las actividades criminales”.
No es ni en Venezuela, ni en Cuba donde se encuentran vastas zonas cultivadas de cocaína y controlada por los carteles criminales.
La Unión Europea no tiene intereses petroleros específicos en Venezuela, pero si tiene interés en la lucha contra la droga. En el “Informe europeo sobre las drogas 2025” no menciona en ningun momento a Venezuela como via de tránsito para el tráfico internacional de droga. Según este informe, la cocaína es la segunda droga mas consumida en los 27 países de la Unión Europea.
Después de su dimisión el Exdirector del FBI, James Comey desvelaba las intenciones subyacentes de la política norteamericana sobre Venezuela. Trump le había confiado que el gobierno de Maduro era “un gobierno asentado sobre una verdadera montaña de petróleo que nosotros debemos controlar”.
No se trata, pues, de la droga, de la criminalidad o de la seguridad nacional. Se trata del petróleo que los Estados Unidos prefieren procurarse gratuitamente
Esta acción guerrera del pais mas rico (y desigual) del mundo requiere una respuesta de las Naciones Unidas, y de los países no solo del Sur Global, sino de la Unión Europea y de los Estados que se defiendan contra este colonialismo que puede alcanzar a cualquiera que se tropiece con la barbarie del presidente Trump
