Carlos Barrio es licenciado en Historia.

Decía el inspector Méndez que había que relacionar las páginas de economía con las de sucesos cuando se leyese el periódico. Este es uno de los grandes consejos que nos dejó el personaje creado por Francisco González Ledesma, pero no fue el único: Méndez también nos dijo que “la policía no cree en casualidades angélicas, aunque uno recuerde que el banquero Juan March (gran financiador del golpe de Estado contra la República e imprescindible intermediario entre Inglaterra y España en la Segunda Guerra Mundial) se mató chocando en una carretera solitaria con el automóvil del presidente de Iberduero, o sea que se envistieron dos de los hombres más ricos de España”. Recorrer el Barrio Chino con Méndez es analizar episodios oscuros de la Transición. Y es que la novela negra española  es una fuente imprescindible para entender esos años.

En Historia de Dios en una esquina, Méndez acorrala a unos ricos empresarios, que bajo el membrete de ETA se dedican a extorsionar a otras fortunas de España. No sabemos de dónde sacaría la trama de la novela Francisco González Ledesma, pero sus fuentes eran viejos policías, que intentaban poner orden en el submundo barcelonés en una época de cambios. De todas maneras se dice que la ficción supera a la realidad, y en Asturias-Asturies tenemos ejemplos que así lo demuestran.

En noviembre de 2018 algo ignoto aparecía en el Naranco. El monte, que vigila Uviéu y que guarda bajo sus entrañas numerosos secretos relacionados con la génesis de la monarquía asturiana, desveló en esa fecha una pequeña guarida, un escondite que se había utilizado durante cuarenta años por una red familiar llamada ETA-Asturcón. Bajo este rótulo, la mencionada organización “extorsionó, amenazó, secuestró, quemó unos almacenes, explosionó una furgoneta e incluso intentó asesinar a un médico”. Solo guardaba relación con la banda terrorista vasca en el nombre, algo que habían tomado prestado “para poder pasar inadvertidos”, en palabras de  José Faustino Brañas, Decano del Colegio de Criminólogos de Asturias-Asturies. Y lo hicieron tan bien que gozaron de cuarenta años de impunidad.

En El ogro patriótico, Juan Carlos Losada nos habla de la historia del Ejército español a lo largo del siglo XX. En el ensayo se ve cómo, en momentos difíciles de nuestros tiempos recientes, hubo mandos militares franquistas que intentaron torpedear el proceso democrático asesinando a rivales políticos. Nos dice el historiador: “En el verano de 1975, el 29 de julio, había sido detenido un grupo de dirigentes de la UMD (acrónimo de Unión Militar Democrática). No obstante, su suerte podía haber sido peor, pues en una reunión previa de tenientes generales que detentaban puestos decisivos, entre ellos Campano López, Villaescusa, Quilis, Coloma Gallegos…se llegó a plantear la idea, por suerte desechada, del asesinato de su cúpula dirigente por miembros de paisano de la Guardia Civil, aparentando un atentado de ETA”. Uno de cada tres asesinatos cometido por la banda terrorista está sin resolver, son crímenes que parece que muchos quieren cerrar por motivos políticos. Igual hay que tener en cuenta las enseñanzas del maestro Méndez a la hora de esclarecer algunos de los misterios de la Transición. Sin ninguna duda la mayor parte de los atentados perpetrados bajo las siglas de ETA fueron cometidos por los terroristas vascos, el dilema es saber si alguien se pudo aprovechar de la criminalidad etarra para su propio beneficio. En febrero de 2003, Julio Anguita se hacía una pregunta en voz alta ante un nuevo suceso protagonizado por la organización: ¿A quién servís?

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