David Guardado es filólogo y especialista en Tecnología de la Información

Durante la década de los años 30 del siglo XX el fascismo italiano puso en marcha un ambicioso proyecto de difusión del bimilenario del emperador Augusto a través de diversas exposiciones y el relanzamiento de excavaciones arqueológicas, uno de cuyos hitos fue la inauguración en Roma de la llamada Mostra Augustea della Romanità en septiembre de 1937 en la que el Duce se muestra como un trasunto del propio Augusto y la Roma imperial como modelo y antecedente de la Italia fascista que habría de continuar su misión histórica.

Estas celebraciones y la exaltación de Augusto y el Imperio tuvieron también un reflejo directo en una España en guerra donde las tropas italianas y alemanas luchaban en apoyo a los sublevados y en la que la figura de Augusto -sus conquistas, el fin de la república romana y la implantación del modelo imperial- se convirtió en un símbolo para el bando franquista.

Augusto fascismo en Gijón - Xixón

Reposición de la estatua de Augusto en Tarragona en 1939

Si el fascismo italiano veía en Roma un modelo en el que destacaba la misión imperial y la crítica a la democracia, el fascismo español, dentro de ese mismo marco discursivo, añadía además la parte del relato que entroncaba, adaptándolo a sus intereses coyunturales, con el pensamiento que había sido elaborado por parte de los intelectuales del 98, muchos de ellos defensores y militantes del bando legal, que hacían igualmente partir de Roma los inicios de la unidad política y cultural española, y destacaban la “españolidad” de algunas de las figuras más destacadas de la romanidad (Séneca, Trajano, Teodosio…), es decir, la supuesta influencia sobre Roma y su modelo de unidad, civilización y paz, de una España eterna y preexistente.

Aunque el discurso franquista sobre la romanización, como el del nacionalismo español que se había ido fraguando durante los siglos XVIII y XIX, tendía a poner en primer plano la unidad conseguida por Roma no por ello dejaba de exaltar igualmente el honor y la resistencia frente a las tropas romanas de los “españoles” de Numancia y de caudillos como Viriato, que se presentaban como un antecedente que mostraba las virtudes castrenses e irreductibles de los habitantes del solar hispano.

No obstante, como ha señalado en diversos estudios el historiador Antonio Duplá, en el discurso específico de la Falange se encuentran unos planteamientos miméticos del fascismo italiano en este aspecto, así como la total identificación de Roma, Italia, España, política imperial, fascismo y catolicismo, que se contraponen tanto al salvajismo de los pueblos “bárbaros” en el pasado como al de los “bolcheviques” en el siglo XX.

Augusto y el Frente del Norte

Las celebraciones augusteas en Italia coincidieron con la lucha en el Frente del Norte, lo que no pasó inadvertido. No en vano, bajo el mando de Augusto, y cuando se produce el fin de la República y el surgimiento del Imperio, las tropas romanas consiguieron finalizar la conquista de toda Hispania tras el sometimiento de astures y cántabros en una guerra que según las fuentes clásicas se prolongó durante 10 años, del 29 al 19 a.c.

Precisamente en septiembre de 1937, coincidiendo también con la inauguración en Roma de la Mostra Augustea, las tropas bajo el mando del Consejo Soberano de Asturias y León, combatían en el Mazucu intentando frenar la entrada en Asturies de las fuerzas franquistas apoyadas por italianos y alemanes.

El 7 de septiembre, en el marco de esta ofensiva y en relación con las actividades del bimilenario, el diario Il Popolo d’Italia, que había sido fundado por el propio Mussolini, publicó un artículo, La Spagna di Augusto, firmado por el filólogo y periodista Goffredo Copolla en el que se comparaba la lucha en el norte de España con la que Augusto libró contra astures y cántabros en ese mismo territorio: “En la cordillera cantábrica, en esas mismas montañas donde hoy legionarios y españoles combaten juntos contra la furia bolchevique, Augusto también luchó y ganó cuatro batallas”.

El autor recordaba cómo la “paz duradera” de Augusto “había impuesto a los cántabros y a los astures una norma de vida verdaderamente digna y humana”.

La Spagna di Augusto - La España de Augusto

Il Popolo di Italia, 7 de setiembre de 1937

Celebraciones augusteas en España

El bimilenario de Augusto se celebró también en España en plena guerra y posguerra, a través de varios actos que contaron con la participación de las autoridades italianas.

Así, durante 1938, se ponen en marcha distintas iniciativas conmemorativas en Bilbao y Lugo, y en julio de 1939, unos días antes de la finalización de la guerra, se restituye la copia de la estatua de Augusto en Tarragona, una reproducción exacta del Augusto de Prima Porta en Roma que había sido donada por el Ministro de Exteriores de Mussolini en 1934 como parte de la propaganda del régimen fascista, y que había sido retirada tras el inicio de la guerra.

Durante la restauración de la estatua, Ramón Serrano Suñer en presencia del ministro de Asuntos Exteriores de Italia, Galeazzo Ciano, leyó un discurso en el que comentó que “durante la cautividad roja, manos zafias y criminales derribaron por los suelos la estatua del Emperador. Nuestro César victorioso, Franco, libertó esta ciudad de aquella cautividad ominosa, con las armas de España y con legiones de Roma”.

En Asturies, el diario Región publicaba el 15 de julio un artículo sin firma en el que se afirmaba que “no podían los rojos y separatistas catalanes por menos que derribar la estatua de Augusto que a la vieja ciudad española había regalado el Duce […] Pero la espada de Franco fue a devolver a las tierras de Cataluña la claridad del destino español y con ella aquellas otras que habían nacido en Roma”.

El acto fue inmortalizado por el Instituto Luce Cinecittá y puede consultarse la grabación en Youtube.

 

Ya en 1940, tiene lugar la denominada Semana Augustea en Zaragoza, ciudad que debe su nombre al emperador y en la que también se instaló en ese momento una estatua idéntica de Augusto regalada, igualmente, por Mussolini.

Los organizadores justificaban no haber podido celebrar los actos en 1937 debido a la guerra y el alcalde de la ciudad, Juan José Rivas, en un discurso en el que condensa la retórica franquista sobre el particular, recordaba que Augusto “permitió la romanización de España, logró su unificación e hizo posible la hispanización posterior de Roma” por lo que con el acto  se honraba “no sólo nuestra acta de nacimiento como ciudad, sino también el punto de partida de toda una trayectoria histórica de universalización del genio de España, disperso hasta entonces en particularidades localistas”.

Por su parte el conde Zoppi, representante del gobierno italiano, hizo entrega del regalo de “la estatua de bronce de Augusto, que no fue solamente el fundador de vuestra ciudad, sino el fundador del Imperio”.

También contamos con imágenes de este acto que pueden ser consultadas online.

 

Hablamos de un momento en el que el franquismo se encuentra ajustando su discurso sobre la españolidad, y en el que la arqueología y el relato sobre el mundo antiguo y la romanidad se convierten en un elemento propagandístico de primer orden para afianzar un discurso sobre España (unidad, paz, civilización…) que el régimen intenta hacer hegemónico. En ese marco, se creó en 1939 la Comisaría general de excavaciones arqueológicas que ese mismo año inició la excavación de las termas del Campu Valdés en Xixón utilizando a “prisioneros” para hacer el trabajo.

Un epílogo xixonés

La celebración del bimilenario de Augusto tuvo un reflejo tardío y, si se nos permite, un poco chusco en Xixón que aún perdura en forma de estatua en el Campu Valdés, aunque poca gente conozca su origen.

En el año 1968 Ignacio Bertrand, un alcalde falangista que había cursado estudios en la Italia fascista de los años 30, propuso celebrar un supuesto bimilenario de Xixón haciéndolo coincidir con el bimilenario del sometimiento de los astures; un aniversario que, según el mismo diario de la Falange, Voluntad, era “más o menos exacto, más o menos inventado”. Lo que en un primer momento iban a ser una estatua de Augusto, una escultura en homenaje a la Legión IV Macedónica y una reproducción de las Aras Sextianas, se quedó en una reproducción de la estatua de Augusto en Tarragona que el consistorio acordó encargar a comienzos del año 1970.

Ya en 1971 durante el mandato del sucesor de Bertrand, Luis Cueto-Felgueroso, se produjo la inauguración de la estatua, en la que el alcalde pronunció un discurso muy en la línea de su tiempo, argumentando que los romanos habían llegado a nuestra tierra “para impregnarnos de nuevos modos de un espíritu civilizado” fundando en nuestra Atalaya la urbe gijonesa, lo que nos convertía en un pueblo “eminentemente romano”.

Ahora sabemos que Augusto, a diferencia de Zaragoza -la Caesar Agusta romana- o Tarragona, la Tarraco donde Augusto residía durante la campaña contra los astures, nunca puso un puso un pie en Xixón, que ya había sido fundada y habitada siglos antes de que las tropas romanas la conquistaran.

En realidad, también lo sabían los contemporáneos del alcalde Bertrand y aunque los tiempos no eran los más propicios para la crítica sí había resquicios para el humor. Así, en enero de 1969 un tal Virgilio en la Hoja del Lunes de Gijón firmaba unos versos en los que decía “Yo me pregunto de qué calendario salió la fecha del bimilenario/ pues que yo sepa en ningún cronicón se fija el natalicio de Gijón”.

Bibliografía consultada

Adán Álvarez, Gema Elvira (2001), El Servicio de Investigaciones Arqueológicas de Asturias (S.I.A.): F. Jordá Cerdá (1952-1964), en Trabalhos de Antropología e Etnología, 41(1-2): 207-224
Balart Boïgues, Lluís. (2015), L’estàtua d’August de Tarragona. Kesse: butlletí del Cercle d’Estudis Històrics i Socials Guillem Oliver, 48, 48-57
Duplá Ansuategui, Antonio (2012), La revista falangista Jerarqvia y el modelo imperial romano, Vasconia: Cuadernos de historia – geografía, 38, 813-837
Duplá Ansuategui, Antonio (2017), Augusto y el franquismo: ecos del bimilenario de Augusto en España, Revista de historiografía (RevHisto), 27, 137-161
Duplá Ansuategui, Antonio (2020), El franquismo y el mundo antiguo: una revisión historiográfica, Lecturas de la historia : nueve reflexiones sobre historia de la historiografía / coord. por Carlos Forcadell Álvarez, Ignacio Peiró Martín, 167-190

Prensa consultada y citada

Il Popolo di Italia, 7 de setiembre de 1937
Región, diario de la mañana, 15 de julio de 1939
Aragón, mayo-junio de 1940
Voluntad del 25 de junio de 1968.
Voluntad del 5 de diciembre de 1968.
Hoja del Lunes de Gijón, 27 de enero de 1969
Voluntad, 7 de agosto de 1971
Voluntad, Suplemento extraordinario Begoña, 1971

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