María Cappa es Periodista

En 1863 nació el fútbol en Inglaterra y en Inglaterra lo salvaron de recibir la estocada final en 2021. Gracias a la rebelión conjunta de los aficionados y de los jugadores y entrenadores retirados y en activo y al apoyo de las instituciones futbolísticas y políticas, se evitó que el último de los ataques del negocio contra este deporte tuviera éxito.

El pasado 18 de abril se hacía oficial el nacimiento de la Superliga, una competición creada por y pensada para doce de los equipos más ricos del mundo. Durante la primera entrevista que concedió para explicar este proyecto, Florentino Pérez, su principal arquitecto, hizo tan evidente su desprecio hacia al fútbol que provocó la rebelión que acabó con sus sueños discriminatorios y avaros tan solo dos días después de atreverse a expresarlos en voz alta. Y lo hizo valiéndose de lo que creyó que se tomarían como verdades irrefutables.

“Estamos todos arruinados; hacemos esto para salvar el fútbol”, aseguró. Por un lado, Pérez lamentó que, en lugar de los 800 millones de euros que tenían pensado ganar durante la temporada 19/20, ingresaron “solo” 700 y que durante la presente temporada esa cifra se reduciría a los 600 millones en vez de los 900 previsto. Por otro, lamentó que “en La Liga ganen dinero los clubes modestos y el Barcelona pierda. O que en Inglaterra los seis equipos de la Superliga pierdan e igual los otros 14 ganan”. ¿Cómo puede ser que la mayoría de los clubes hayan obtenido beneficios si la excusa para crear la Superliga era que estaban “todos” arruinados? ¿Puede ser que los equipos modestos hayan sabido controlar su economía y que los ricos hayan fracasado en su gestión? ¿Es esa una excusa válida para querer sacarlos de la competición?

Tramposo e Irrespetuoso

Otra de sus afirmaciones fue la de que a los jóvenes cada vez les interesa menos el fútbol: “Hay muchos partidos de escasa calidad y ellos se van a otras plataformas. Lo que es atractivo es que juguemos los grandes. Ahora la Champions es solo atractiva a partir de cuartos. El resto, muy poco. Nos toca contra equipos modestos que no tienen atractivo”. Una aseveración tan tramposa como irrespetuosa. Tramposa porque, en primer lugar, no explicó a qué se debe que los equipos ricos resulten “más atractivos” (en términos económicos, que es como concibe el fútbol). El reparto desigual de los beneficios, por ejemplo, propicia que aquellos que obtienen más ganancias puedan permitirse comprar a los mejores jugadores de todo el mundo, lo que genera un desequilibrio entre las plantillas. Y ese reparto inequitativo se basa en la fuerza negociadora que tiene cada club: cuanto mayores sean sus ingresos, mayor será su poder para exigir aún más dinero de las televisiones.

Hay otros dos condicionantes para explicar la creciente desafección por el fútbol profesional masculino. En primer lugar, el exceso de partidos. Han sido incesantes las quejas, por parte de entrenadores, jugadores e, incluso, de la Federación Internacional de Sindicatos Futbolistas Profesionales (FIFPRO), respecto a los calendarios saturados de partidos con los que tienen que lidiar los equipos. Aquellos que compiten también en torneos internacionales, apenan tienen dos días para descansar entre partido y partido, a lo que hay que sumarle los encuentros de las selecciones. Es lógico pensar no solo que el cansancio hace mella en el rendimiento de los jugadores (lo que deriva en partidos de peor calidad), sino que los aficionados acaban empachados. Además, las competiciones han dejado de generar emoción para la mayoría de los aficionados porque siempre son los mismo tres o cuatro equipos los que se disputan los títulos, lo que paradójicamente era el atractivo principal de la Superliga para Florentino Pérez.

Decíamos antes que Pérez también había sido irrespetuoso. Y lo es afirmar que un partido entre equipos modestos o entre uno modesto y uno rico carecía de interés. Tiene su lógica, dado que lo único de lo que parece entender el presidente blanco es de audiencias televisivas que puedan traducirse en un incremento de dinero en su cuenta corriente, pero pone de manifiesto lo profundamente ignorante que es respecto al fútbol. No solo no entiende, sino que desprecia el sentido de pertenencia, la relación emocional de un aficionado con su club y el concepto de comunidad que los ingleses han defendido, protegido y salvaguardado, una vez más, durante estos días. Pero el desconocimiento de este deporte no exime al presidente de uno de los clubes más grandes de Europa de respetarlo. Nadie le exige que entienda de fútbol, pero sí que no insista en acabar con él poniendo como argumento su propia torpeza.

Herido de muerte

El hecho de criticar o cuestionar a los doce magnates que han querido matar definitivamente al fútbol, no significa que se esté defendiendo a quienes están al mando actualmente, que están infectados por la misma avaricia y tampoco han mostrado un mínimo de sensibilidad o conocimiento respecto al deporte que dirigen. Hace ya casi seis años Ángel Cappa y yo denunciamos que el fútbol está herido de muerte en un libro titulado ‘También nos roban el fútbol’ y responsabilizamos de ello a los empresarios infiltrados en los clubes, a los dueños de las televisiones y a los dirigentes de la FIFA, la UEFA y de las instituciones que controlan las competiciones a nivel local; todos ellos apoyados y respaldados legalmente por los representantes políticos de los países implicados.

Este exceso de partidos al que hacíamos referencia anteriormente tiene como responsables tanto a la FIFA como a la UEFA. Nadie mejor que Toni Kroos para explicarlo: “Nos vamos a cargar el fútbol (…) Con la invención de todas estas nuevas competiciones parece que somos títeres de la FIFA y la UEFA (…). Si hubiera un sindicato de jugadores que decidiera sobre estas cuestiones no tendríamos ni una Liga de Naciones (creada por la UEFA), ni una Supercopa española en Arabia Saudí ni un Mundial de Clubes (FIFA) con veinte equipos (…). Estas competiciones se han creado para exprimir físicamente al jugador y obtener tanto dinero como les sea posible”.

También es la FIFA la responsable de permitir que el próximo Mundial de fútbol se vaya a jugar en Catar, un país sin ningún tipo de tradición futbolística del que se ha comprobado que sobornó a los directivos de la institución que dirige el fútbol para ser elegido, donde las condiciones climáticas atentan contra la salud de los jugadores y donde las denuncias de vulneración de derechos humanos han sido ignoradas o justificadas por la FIFA. Unas acusaciones, estas últimas, que también pasaron por alto en los Mundiales de Sudáfrica y de Brasil, amén del enriquecimiento de las empresas patrocinadoras de este evento a costa de la ruina económica de los países donde tuvo lugar la competición.

En España no son muy distintos. En 2018, la Federación Española de Fútbol (RFEF) decidió que la Supercopa de España debía jugarse fuera de este país, despreciando, así, a los aficionados de los clubes que la disputaban. ¿A dónde la llevó? La primera vez, a Marruecos y, en 2019, a Arabia Saudí. Había planes de repetir en este último país en 2020, pero la pandemia frustró sus planes y no tuvieron más remedio que jugarla en Sevilla. Tanto Marruecos como Arabia Saudí han sido recurrentemente denunciados por vulnerar los derechos de libertad de expresión, asociación y reunión, discriminación contra las mujeres, homofobia y hostigamiento, detención arbitraria o encarcelamiento de defensores de derechos humanos, periodistas o activistas críticos con el Gobierno. Pero los 30 millones de euros que aspiraba a embolsarse la RFEF parecen ser más importantes que dejar que los aficionados disfruten en vivo de sus equipos o que ayudar a lavar la imagen de países cuyas prácticas los aleja de la democracia. También Tebas, presidente de La Liga, parece empeñado en llevar determinados partidos del torneo local a Miami, en detrimento de los aficionados y por afán recaudatorio.

Resucitar el fútbol

Inglaterra ganó, pero el negocio no ha perdido. La FIFA y la UEFA han salido prácticamente indemnes de este escándalo, si no reforzadas por alinearse, por una vez (y por miedo a perder parte del pastel) con los aficionados y los profesionales del deporte. Además de haber evitado que los planes de los doce magnates del apocalipsis salieran adelante, los ingleses han demostrado el enorme poder que tienen cuando se unen. Esto no debería olvidarse; debería tomarse como el inicio de una revolución orientada a restaurar el fútbol.

Durante los dos días que estuvo viva la Superliga, el Gobierno británico fue uno de los que con más contundencia defendió el estado actual del fútbol. Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido, aseguró que haría todo lo que estuviera en su mano para evitar que saliera adelante. Su ministro de Cultura y Deporte, Oliver Dowden, llevó a la Cámara de los Comunes una propuesta para devolverles a los aficionados la titularidad de sus clubes, ya sea con un modelo similar al alemán (el conocido como ’50 + 1’, que obliga que la titularidad de los mismos sea en su mayoría de los socios) o con alguna otra fórmula que garantice que sean ellos quienes tengan la última palabra en la toma de decisiones. Actualmente, se está debatiendo, pero los aficionados no deberían dejar de presionar para que salga adelante.

Los futbolistas y entrenadores en activo, tanto de los clubes implicados como de los excluidos en la Superliga, también dieron una lección de compromiso y defensa del objeto de su profesión que debería extenderse en España. Muchos ellos, bien ante los medios, bien por medio de las redes sociales, expresaron su rechazo a la propuesta y el capitán del Liverpool, Jordan Henderson, además, organizó una reunión de emergencia con el resto de los capitanes de la Premier para expresar una respuesta conjunta. Ellos también fueron clave para frenar el despropósito al que aspiraban Pérez y sus once socios. Ahora que son más conscientes de que sin ellos no hay fútbol, también deberían unirse para frenar los abusos de los que son víctimas, para dejar de ser, como decía Kroos, marionetas en manos de quienes tiene el control de este deporte.

Si lo ocurrido entre el 18 y el 20 de abril se queda ahí y no se siguen llevando a cabo acciones conjuntas, el fútbol va a seguir herido de muerte y en cualquier momento puede surgir una nueva amenaza que acabe definitivamente con este deporte mientras sigue desangrándose a la espera de que esto no suceda. Se ha vuelto a comprobar lo que se puede lograr si nos unimos; usémoslo para recuperar lo que nos han robado.

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