Uxío-Breogán Diéguez Cequiel es Profesor de la Universidade da Coruña. Doctor en Historia Contemporánea por la Universitat de Barcelona

Es un placer para mí atender a la amable invitación que se me formula desde la Sociedad Cultural Gijonesa, con el presente artículo que se escribe coincidiendo con el Día Nacional de Galicia. En tan señalada fecha, expondré sintéticamente a través del presente texto la evolución histórica del nacionalismo gallego.

Del Rexurdimento a las Irmandades da Fala.

Si bien en el último tercio del s.XIX se desarrollará en Galicia un movimiento literario, con voluntad política, que reivindicaba la cultura e historia gallegas, destacando figuras como la literata Rosalía de Castro, el historiador Manuel Murguía o los escritores Eduardo Pondal y Manuel Curros Enríquez, que conocemos como “Rexurdimento” (movimiento que tomó el pronunciamiento liberal-progresista de 1846 -capitaneado por Miguel Solís en la parte militar y por Antolín Faraldo por la parte civil- en contra del gobierno liderado por el líder del partido moderado, Ramón María Narváez…), no es menos cierto que la articulación política a escala de todo el territorio gallego de aquel galleguismo no se iniciaría hasta 1916.

En la primavera de este año nacería, sobre aquel sustrato, la “Hirmandade dos Amigos da Fala” en la ciudad de A Coruña (en la sede de la Real Academia Galega, nacida en 1907). Desde aquella fecha en adelante nacerían múltiples “Irmandades da Fala” (IF), como grupos locales de una iniciativa que resultaría imparable entre 1916 y 1931. A las inquietudes históricas y la reivindicación de la oficialización del idioma propio de Galicia, se sumaría la lucha por el reconocimiento político de Galicia en clave republicana. Esto último daría lugar a que en 1919 las IF aprobasen reivindicar cada 25 de julio (aprovechando la singularidad de la fecha) como “Día de Galiza” o “Día da Patria”; así como que el grupo coruñés de aquellas agrupaciones se propusiese su participación (a través de varios candidatos) en las elecciones municipales de febrero de 1920. Siendo el jurista Lois Peña Novo el primer concejal nacionalista de la historia de Galicia. Así mismo, y en la misma clave, entre otras iniciativas de especial interés fomentadas por las IF, debemos destacar la fundación de las “Escolas de Primeiro Insiño”, nacidas igualmente en A Coruña (en 1923) para formar a las niñas y niños de Galicia en lengua gallega, promoviendo el conocimiento de la cultura, historia y medio natural de su territorio.

La Dictadura capitaneada por Miguel Primo de Rivera (1923-1929/1930) frustraría buena parte de la expansión de aquel proyecto (obviamente las reivindicaciones nacionalistas, y no solo, de las IF atacaban los principios constituyentes del régimen primorriverista). Aun así, entre 1916 y 1931 las IF organizarían siete Asambleas Nacionalistas Gallegas, y articularían un potente medio de comunicación, A Nosa Terra, fuente privilegiada para conocer el ideario, programa político y actividades (también sus tensiones internas, dado que las IF tenían dos almas, una netamente progresista y laica, y otra conservadora y manifiestamente católica).

Desde finales de los años veinte del pasado siglo, las IF se posicionaron mayoritariamente a favor de abrir un nuevo tiempo político en España, en clave republicana y en el que Galicia fuese reconocida como nación. De tal modo que el grupo de las IF de A Coruña, capitaneado por Antón Vilar Ponte y Lois Peña Novo, participarían en la creación de la Organización Republicana Gallega Autónoma (ORGA), organización que tendría a Santiago Casares Quiroga como su principal referente.

De la II República al exilio

Galicia no sería una excepción a la hora de ver proclamada la II República española el 14 de abril de 1931. Un proceso del que participaría desde primera hora, como hemos indicado, aquel galleguismo representado por las IF. Un galleguismo que está presente en las elecciones a Cortes Constituyentes republicanas, el 28 de junio de 1931. Dos serían las actas que conseguirían los nacionalistas gallegos, concretamente Alfonso Daniel Rodríguez Castelao (por Pontevedra) y Ramón Otero Pedrayo (por Ourense). En la víspera de aquella cita electoral, por cierto, se proclamó el efímero, aunque simbólico, Estado gallego (al calor de las multitudinarias manifestaciones que denunciaban, tanto en Ourense como en Santiago de Compostela, la paralización de la construcción del ferrocarril en la línea férrea Zamora-Ourense y el aislamiento del territorio gallego…).

En aquel nuevo contexto político las IF decidirían reconstituirse, dando lugar al Partido Galeguista (PG), abandonando la colaboración con la ORGA. El principal objetivo del PG sería conseguir la aprobación de un Estatuto de Autonomía para Galicia, en el que esta fuese reconocida como un “Estado libre dentro de una República federal española” (tal y como rezaba la propuesta editada por el Seminario de Estudios Gallegos de mayo de 1931).

Aunque el PG no consiguió ver constituido aquel Estado, no es menos cierto que logró sensibilizar a una mayoría social y política en favor de la Autonomía; consiguiendo una importante presencia en el ámbito municipal (tanto a través de alcaldes y concejales de dicha formación política; como de concejales y alcaldes de otras organizaciones a los que iba atrayendo a favor de la Autonomía gallega). Esto se demostró, principalmente, con la Asamblea de Ayuntamiento de Galicia del 17 al 19 de diciembre de 1932 (a la que asistieron 227 ayuntamientos de 319, enviando su adhesión buena parte de los restantes). En dicho encuentro la mayoría de los ayuntamientos gallegos se manifestaron a favor de la Autonomía gallega, concretamente el 77% de los municipios gallegos (que contaban con el 84,7% de la población), acorde a la Constitución republicana española, aprobando un articulado que sería sometido a plebiscito el 28 de junio de 1936 (meses después de que el PG hubiese obtenido tres actas en las Cortes españolas, a saber: Alfonso D. Rodríguez Castelao, Antón Vilar Ponte y Ramón Suárez Picallo).

Aquel plebiscito daría lugar, según los datos oficiales, a que casi un millón de gallegos y gallegas dieran su apoyo al Estatuto de Autonomía de Galicia (concretamente 993.351 votos a favor) frente a 6.161 en contra y 1.451 en blanco. La suma de participantes en aquella cita representó el 74,56% del censo electoral (conformado por 1.343.135 de votantes).

El 15 de julio el Estatuto de Autonomía de Galicia fue entregado al presidente de las Cortes republicanas, Diego Martínez Barrio, por parte de una delegación presidida por Castelao y Ánxel Casal (alcalde nacionalista de Santiago de Compostela), de cara a que el articulado autonomista gallego fuese sometido a debate en el Parlamento español. Como es bien sabido, el golpe militar del 18 de julio de 1936 provocaría que aquel debate quedase pendiente sine die. Sería en el marco del largo exilio, concretamente en las Cortes republicanas reunidas en México, cuando el 9 de noviembre do 1945 fuese aprobado el Estatuto de Autonomía de Galicia.

El nacionalismo gallego desde el exilio hasta el final de la Dictadura franquista.

El nacionalismo gallego fue capaz de reorganizarse en el exilio, aprovechando parte del tejido societario que había construido la emigración gallega, particularmente en América del Sur (recordemos que en la capital de Argentina había a inicios de los años cuarenta varios cientos de miles de gallegos. Según diversos estudios se estima que entre 1857 y 1960 se asentaron en aquel país 600.000 gallegos y gallegas). Durante la primera mitad del franquismo el único nacionalismo gallego con dimensión y fortaleza era el que se había articulado con epicentro en Buenos Aires; manteniendo la reclamación política de Galicia, en cuanto que sujeto político diferenciado. La figura de Castelao sería la que actuaría como común denominador y máximo exponente, siendo presidente del “Consello de Galiza” (suerte de gobierno gallego en el exilio, nacido en 1944, amparado por los diputados del PG y por aquellos que siendo galleguistas militaban en otras fuerzas políticas, destacando cuadros de Izquierda Republicana, de la que había sido cofundadora la ORGA años antes).

Castelao fallecería en enero de 1950 y dejaría un vacío difícil de cubrir (aunque hubiese otras figuras, como el secretario de dicha institución, el también diputado Antón Alonso Ríos, que gozaban de enorme prestigio –pero no de la capacidad política y fuerza aglutinante de Castelao…-). Una nueva generación de nacionalistas gallegos, mayoritariamente de izquierdas, iría forjándose en Galicia en pleno franquismo; en unos casos con relación con viejos cuadros del galleguismo republicano (que optaría por la resistencia cultural, creando en 1950 la prolífica editorial Galaxia), y otras veces sin esa relación (o incluso en contraposición). Entre estas nuevas generaciones de nacionalistas gallegos el tercermundismo tomaría fuerza y los movimientos de descolonización y “liberación nacional” operados en África, América del Sur o Asia tendrían una fuerte influencia en el imaginario político del nuevo nacionalismo gallego, que desde mediados de la década de los sesenta del pasado siglo se organizaría en Galicia (entre 1963 y 1964 se fundan el Partido Socialista Galego y la Unión do Pobo Galego), evidenciándose ese modelo a mediados de la década de los setenta, con la creación de la Asemblea Nacional-Popular Galega (AN-PG). Esta última organización sería presentada en la primavera de 1975 en el Portugal revolucionario; tiempo en el que nace un movimiento sindical nacionalista gallego, de gran relevancia con el paso de los años (en 1975 nacía el Sindicato Obreiro Galego, reorganizándose en 1977 como Intersindical Nacional Galega… y que sería el germen de la Confederación Intersindical Galega, sindicato mayoritario en afiliación y representación sindical en Galicia en la actualidad).

En septiembre de 1982 la mayor parte de las organizaciones nacionalistas gallegas confluirían en el Bloque Nacionalista Galego (BNG).

El nacionalismo gallego en nuestros días. Evolución electoral y retos a futuro

Desde 1982 el nacionalismo gallego ha dado lugar, como todo movimiento político, a diversas fases y etapas. En lo político-organizativo debemos destacar como el BNG intentó integrar a todo el soberanismo gallego en su seno a lo largo de la mayor parte de su historia. Aunque no lo conseguiría, llegó a sumar a la inmensa mayoría del nacionalismo gallego; consiguiendo atraer las miradas y simpatías hacia el BNG de cientos de miles de gallegos y gallegas, gracias a figuras como Xosé Manuel Beiras, Francisco Rodríguez o Bautista Álvarez (y el incansable trabajo militante de su afiliación). Una realidad que tendría, naturalmente, su traducción electoral. De tal modo que en el año 1997 alcanzaría los 395.435 votos, obteniendo el 25% de los sufragios al Parlamento gallego (y 18 diputados); así como en el año 2000 obtendría 306.268 votos a las Cortes del Estado (y 3 diputados).

El BNG, en cuanto que expresión referencial del nacionalismo gallego, ha llegado a cogobernar la Autonomía gallega, estando al frente de la Xunta de Galicia junto al PSOE, entre 2005 y 2009. Pese al retroceso sufrido de 2005 al 2016, en 2020 volvió a recuperarse electoralmente, con el fuerte liderato de Ana Pontón, consiguiendo 310.077 votos en las elecciones gallegas de 2020 y 19 actas en el Parlamento gallego (desbancando al PSOE como segunda fuerza política de la cámara gallega y primera fuerza de la oposición frente al PP); obteniendo 120.456 votos en las elecciones de noviembre de 2019 (94.433 en las elecciones de abril del mismo año) y un acta de diputado en las Cortes españolas.

Tras cuarenta años de Autonomía gallega, y con todo el bagaje previo referido, el nacionalismo gallego se encamina hacia un nuevo tiempo, en el marco de la Globalización y de la crisis pandémica (con desafíos muy complejos, como el demográfico y sus derivadas). Un tiempo en el que tendrá que evidenciar el agotamiento del sistema autonómico (por lo menos tal y como lo conocemos) y la necesidad de avanzar hacia un nuevo encaje de Galicia en el marco del Estado español, al servicio de la mayoría social, intentando para ello alcanzar una mayor cuota de representación institucional que vuelva a situar al nacionalismo gallego en el gobierno de la Xunta de Galicia.

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