Nacho Muñiz es coordinador de los ciclos de cine de la Sociedad Cultural Gijonesa

Andaba yo preparando ingenuamente un artículo sobre el cine que nos ofreció la última -y heroica, dadas las circunstancias- edición de nuestro festival de cine cuando me empezaron a llegar ecos y rumores que apuntaban a un nuevo capítulo del culebrón en que el parece que algunos quieren convertir la dirección del festival desde aquel lejano día en que la corporación municipal nos dejó de piedra anunciando el cese de José Luis Cienfuegos.

Fue aquella una decisión absurda, injusta e injustificada y, lo peor de todo, nefastamente errónea. En eso creo que coincidíamos todos los interesados en el festival; la única motivación de aquel cese fue política, supongo que siguiendo el estúpido y pernicioso principio de deshacer todo lo que tu antecesor haya legado, sea bueno o malo.

Tras unos años de decadencia fulminante, la misma corporación municipal (pero ya sin alguno de los causantes de aquel desatino) intentó redirigir la situación y nombrar a un nuevo director por medio, ahora sí, del mayor consenso posible (hay que recordar aquí la presencia en el consejo de Divertia de todos los partidos políticos con representación en al ayuntamiento y de instituciones sociales como las asociaciones culturales).

Si el objetivo era reparar el daño causado en su momento y que el festival retomara la línea que le había hecho crecer, no parecía para nada descabellada la elección final de Alejandro Díaz Castaño, una persona vinculada al festival y a la ciudad, para comenzar ese proceso de reconstrucción. Para ello se contaba también con el trabajo y la entrega de un equipo que mantuvo la casa a flote incluso en los peores momentos (no suelen salir sus nombres en público, pero los trabajadores del FICX bien se merecerían un reconocimiento por parte de todos).

Desgraciadamente, no parece que la historia haya terminado; como en el cine americano, se anuncian secuelas.  Con el cambio de signo en el ayuntamiento, nuestro zarandeado festival vuelve a ser objeto de enfrentamientos políticos y de maquinaciones que nada tienen que ver con el cine y que para nada van a contribuir a la estabilización y afirmación de la que es, sin duda, una de las principales manifestaciones de la vida cultural de Gijón y de Asturias (y bien sabe dios que las necesitamos y tenemos cada vez menos). Con incredulidad tuvimos que leer en una página web, que ni es prensa ni es especializada, un “reportaje” sobre las supuestas bambalinas del festival que, además de haber sido desautorizado por los trabajadores del FICX, no era sino una colección de cotilleos que lo único que puede conseguir es desprestigiar el evento ante sus incautos lectores.

Habrá que preguntarse de nuevo: ¿es tanto pedir que dejen al Festival de Cine de Gijón fuera de las luchas y enfrentamientos políticos? ¿Es necesario poner patas arriba la ciudad cada vez que haya un cambio político en el ayuntamiento?

Pues parece que sí, es mucho pedir. Ojalá me tenga que comer mis palabras.

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